FR Infrmante
Allí en la esquina de Isidro Fabela y Gustavo Baz, la gente caminaba más despacio esta mañana. Lo hacen disimuladamente, voltean la mirada hacia el pequeño bulto con la sábana azul. Se brincan hacia el asfalto de la avenida para cruzar y como si fuera un imán que los atrae, voltean de súbito mientras los peritos de criminalistica toman evidencias, fotografías y anotan reportes.
—Qué poca, mala mujer, increpa un grupo de mujeres que pasaron con sus diablitos arrastrando para ir al mercado.
Por u buen rato, un hombre sentado con la puerta abierta de su camioneta observa atento. Fijando la mirada y extrañeza de lo ocurrido, al igual que todos quienes pasan y voltean de forma natural.
“Los comerciantes le pusieron un trapo encima para taparlo v porque aún estaba envuelto en el saco de la placenta”, dice una testigo.
El caso parece ser un aborto espontáneo, coinciden los testigos. En el sitio no hay manchas de sangre, tampoco objetos ajenos como toallas, bolsas o cajas de zapatos, como en los otros tres casos similares ocurridos este año en el Valle de Toluca.
“Apunta a un aborto espontáneo, el bebé aún estaba envuelto en la bolsa”, indica un testigo.
Rosaban las 7:30 de la mañana de este jueves. La avenida Isidro Fabela ubicada a espaldas de la terminal de Toluca, a esas horas ya abunda de comerciantes, viajeros a prisa, estudiantes corriendo a la estación del tren. Tamaleras despachando en vasos de unicel. Pero parece que ni las cámaras del C-5 vieron a la mujer cuando hacía las labores de parto.
De junto hay una tienda de muebles con rejas amarillas de donde asoman su asombro los empleados, de frente una tienda de pelotas, sillas y otros accesorios de plástico. Más al costado una tienda de peluches al mayoreo. Pero nadie vio nada ni escuchó a la mujer.
Mientras los peritos laboran caminando de aquí y allá recolectando evidencias, una joven de forma disimulada se acerca desde una esquina y toma una foto. Luego llora y se pierde entre la gente.
—¡Ay diosito y ahora qué pasó! —exclaman las doñas que se detienen con sus bolsas repletas de verdura y pollo.
—Ya lo vi, estaba bien chiquito, Dios mío, —Dice una mujer echando sus manos al rostro y persignándose.
Ya es pasado el mediodía. Los peritos de súbito con una sábana blanca traspasaron el pequeño bulto a la gaveta de la camioneta del Semefo. Au n se percibe fresco y envuelto en la bolsa de placenta.
El acordonamiento después de más de cinco horas queda vacío. Solo una mujer que había estado observando se acercó y fijó su mirada a la veladora y el pedazo de asfalto donde quedó una mancha roja.
Fotos FR








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