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Triste despedida para Samantha en San Miguel Toto

FR Informante A mitad de los rezos, una mujer se levantó y comenzó a vestir los cirios con un moño blanco. Se levantó despacio y se dio el tiempo de ir atando los cordones en forma de mariposa en cada extremo del ataúd donde está tendido el cuerpo de Samantha. Un grupo de niños la…

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A mitad de los rezos, una mujer se levantó y comenzó a vestir los cirios con un moño blanco. Se levantó despacio y se dio el tiempo de ir atando los cordones en forma de mariposa en cada extremo del ataúd donde está tendido el cuerpo de Samantha. Un grupo de niños la siguen.

Es pasado el mediodía del martes aquí en San Miguel Totocuitlapilco, Metepec y el rosario está a mitad de camino.

La resandera se empeña en su tarea de repetir los responsos. Y el hueco eco de la capilla es aún más hondo con los salmos.

Logro contar a los asistentes con la vista. Se dispusieron dos hileras de sillas en el corredor de la capilla de la Asunción para quienes vayan llegando.

Su prima, quien está sentada en una de las sillas vacías, dice que Samantha vivía con sus abuelitos y que estaba. Por eso la decisión de velarla en la capilla y no el patio de una casa. Aunque prefieren no ahondar en el tema.

Volteo a los alrededores y veo sobre todo, rostros casi infantiles, chavitos, adolescentes con la mirada extraviada por ratos en el ataúd y a su celular. Pero son los que no se han movido de allí, dice la prima de Samantha. Son sus amigos.

Allí a mitad de la capilla está el ataúd con olanes blancos fruncidos y estirados en toda caja blanca. Dos retratos con el rostro de “Kush”. Ese era apodo de Samantha.

También hay una sábana extendida de veladoras sobre el piso y entre estas una botella de caguama que dispusieron sus amigos.

La estampa despedaza las emociones. El domingo pasado, Sam había bailado todo el día en el recorrido de San Gaspar Tlahuelilpan. Fue entre ese tumulto de gente que una camioneta la atropelló y Samantha perdió la vida.

“Ya detuvieron al conductor de la camioneta”, dicen sus primos. Pero aún, con justa razón, perciben que no hay justicia, porque Samantha sigue tendida a mitad de la capilla donde hoy la velaron.


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