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Crónica: Silencio carretero de minutos; días completos de caos

FR Informante Sandra llevaba ocho horas a bordo de su coche atascada en el bloqueo, con sus pequeños llenos de sed, hambre y sudor, por las horas de espera. De pronto, alguien le tocó la ventanilla. Traía botellas de agua y una coca. Entonces Sandra sonrió de alivio. “Fue como un ángel”, dijo Sandra satisfecha…

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Sandra llevaba ocho horas a bordo de su coche atascada en el bloqueo, con sus pequeños llenos de sed, hambre y sudor, por las horas de espera. De pronto, alguien le tocó la ventanilla. Traía botellas de agua y una coca. Entonces Sandra sonrió de alivio.

“Fue como un ángel”, dijo Sandra satisfecha al siguiente día, cuando regresó al bloqueo de la México-Toluca que mantienen madres buscadoras. Llegó con un carrito jalando y repleto de botellas de agua, dulces y uno de sus pequeños montado en el trineo. Lo hizo como un agradecimiento fortuito para repartir agua con los automovilistas, buscadoras y reporteros.

Otras personas siguieron su ejemplo después y llegaron con más víveres. Las donaciones eran recibidas cantando y aplaudiendo por las buscadoras.

Y pareciera que la escena de 20 horas atrás, cuando choferes y otros automovilistas, se arremolinaron para gritar e intentar quitar las lonas, se había convertido entonces a empatía por el bloqueo.

Pero a esas horas, justo también se agotaba la paciencia, y de nuevo los automovilistas y las buscadoras protagonizaron otro encontronazo. Ciudadanos contra ciudadanos, en un debate infinito.

Pasadas las 3 de la tarde de este miércoles, pareciera que las “aguas se apaciguaban”, porque se desalojó a todos los camioneros a quienes les permitieron el paso cada hora por diez minutos. Y de pronto, la mega carretera transitada a diario por más de 155 mil vehículos, había quedado vacía, como arena de desierto en color grisáceo y de asfalto.

Unos minutos de silencio carretero, contra días completos de caos.

Borregos: Un chofer con un camión cargado de borregos, les gritaba a las buscadoras que sus animales sino tomaban agua, morirían y que su negocio colapsaría. Pero el bloqueo no se levantó.

Diabetes: Luego una mujer les dijo que su esposo tenía diabetes y debía tomar medicamentos. Pero el bloqueo no se levantó.

Caminatas: Otro grupo de mujeres alegaban que sus hijas debían caminar dos kilómetros porque el transporte público colapsó. Pero el bloqueo no se levantó.

Del otro lado, las madres buscadoras refutaban también.

Restos: “Me dieron unos restos que no son de mi hijo, sólo para cerrar la carpeta”, gritaba un padre buscador.

Zozobra: “Mi hijo salió un domingo a jugar fútbol y llevo cuatro años buscándolo”, contaba una buscadora soltando en llanto.

Picos y palas: “Hemos buscado en barrancas, ríos y cuevas, con picos y palas que nosotros compramos”, reprochaba una madre que ya halló a su hija sin vida.

Y el bloqueo mostró entonces, dos realidades irrefutables. Un Estado de México impune, inseguro, porque los hijos y las hijas siguen desapareciendo y lo único que queda es bloquear carreteras.

La otra realidad irrefutable: un gobierno inepto, incapaz de resolver las crisis sociales, y que solo recomienda un croquis de rutas alternas para evitar los bloqueos.


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