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Crónica: ‘Tronó como bomba’; la explosión que dejó en silencio y en luto a un pueblo

FR Informante/Filiberto Ramos Todo el domingo ha estado nublado en Santa María Canchesda. Y aunque se asoma la lluvia con truenos, en todo el pueblo hay silencio. Están perplejos frente al atrio detrás de las cintas amarillas. Las mujeres se acercan y se persignan, echan la mirada a la torre del castillo que no tronó…

FR Informante/Filiberto Ramos

Todo el domingo ha estado nublado en Santa María Canchesda. Y aunque se asoma la lluvia con truenos, en todo el pueblo hay silencio. Están perplejos frente al atrio detrás de las cintas amarillas. Las mujeres se acercan y se persignan, echan la mirada a la torre del castillo que no tronó la noche de ayer.

—Yo escuché como una bomba, estaba cenando, —dice un vecino de la parte alta de Santa María.

A las 8 con 15 de la noche, sobrevino la tremenda explosión. Volaron pedazos de concreto a diez metros, vidrios de ventanas, zumbaron los oídos, dicen. Luego la tragedia.

—Votó todo el concreto, estos pedazos grandes son de los baños, los echó hasta acá, —Miden las dimensiones los habitantes de Santa María mientras se pasan la mano sobre el rostro buscando explicaciones.

Otros se abrazan porque aquí en este pequeño pueblo de Temascalcingo pareciera que todos tienen algún lazo familiar con el otro de al lado y entonces el luto pareciera que es más hondo.

Ayer hubo muchos invitados a las vísperas de la fiesta dedicadas a la Virgen del pueblo. Más de 3 mil, según el conteo de autoridades.

—Ya estaban sonando las campanas de muerto, dicen entre el tumulto que por ratos crece frente al acordonado.
Habrá misa a las 3 para pedir por los lesionados.

—Ya viene el padre para la misa, —les informa un joven. Desde ayer así se corre la voz y se organizan para todo. Abrieron centros de acopio, han dejado veladoras frente al altar que está afuera del atrio, los taxis ofrecieron viajes gratuitos para familias de lesionados y han dado comida a los paramédicos y militares.

En los diferentes hospitales donde arribaron los lesionados, se estiró la misma cadena de ayuda.

ESCOMBROS

Detrás de las cintas amarillas, quedaron los escombros. Pedazos de concreto que suena imposible decir, que volaron a una distancia de diez metros. Zapatos y pedazos de ropa achicharrados.

Láminas retorcidas como si fueran hojas de papel. Hubo estadillo de vidrios de ventanas que quedaron esparcidos. Los juegos mecánicos y sillas que la gente había dispuesto para ver los fuegos artificiales, quedaron debajo de pedazos de concreto.

Nadie sobrepasa el acordonado, solo los dueños de locales que están dentro del perímetro de la destrucción, medio se asoman. Pusieron lonas para tapar el frente de sus domicilios a los que les derribó la explosión las puertas y ventanas.

En el atrio aún hay dispuestas algunas sillas donde escucharon misa. Pendones de tela que vuelan con el aire, igual que las cintas amarillas. Los peritos de la Fiscalía mexiquense aún estuvieron recabando evidencias después de las dos.

SILENCIO

—Ya están velando a unos acá abajo —Me dice un hombre extraviando sus brazos. La fiesta que se celebraría en próximos días, se suspendió, igual que el ruido en todo Santa María Canchesdá. Las bocinas de los puestos de micheladas se apagaron. En la calle principal aún hay puestos abiertos vendiendo pan pero casi todos fueron cerrados. La gente susurra para no estar en silencio completo, porque las conjeturas no encajan.

—Es que dicen que las bombas no deberían estar así, —dicen.

Lo que sí encaja en medio de tal escenario, es que se contaron 10 fallecidos y más de 60 lesionados.


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