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Historias: ‘Hijo, regresa, no tardes, aquí te espero’; siguen buscando a Geovanni, una historia de desaparición forzada de Toluca hasta Jalisco

FR Informante/Filiberto Ramos Santa Cruz me dice que aspire el aire. Que huela el aroma que dejó su hijo hace dos años en la habitación en la que estamos. Entiendo que solo una madre buscadora como Santa Cruz, puede guardar ese recuerdo de su hijo desaparecido por tanto tiempo. —Venga, esta es la habitación de…

FR Informante/Filiberto Ramos

Santa Cruz me dice que aspire el aire. Que huela el aroma que dejó su hijo hace dos años en la habitación en la que estamos.

Entiendo que solo una madre buscadora como Santa Cruz, puede guardar ese recuerdo de su hijo desaparecido por tanto tiempo.

—Venga, esta es la habitación de mi hijo Geovanni, —Me dice Santa Cruz mientras pasamos al cuarto de la segunda planta de la casa. Está pintado de amarillo. Ahí hay chamarras amontonas en la cama, unas gorras de todas las marcas comerciales, bolsas tipo mariconeras y zapatos mineros y muchos tenis.

—Aquí le guardo sus chamarras, sus tenis, estas cangureras y gorras que tanto le gustan, —La mujer me habla en presente. Nunca en pasado, al referirse a su hijo Geovanni Alejandro Molina Reyes.

Las sábanas de la habitación están intactas. Pareciera que recién lavadas. Santa Cruz en dos años no ha movido nada para conservar el aroma de su hijo. Es su más próximo recuerdo. Lo que atesora aferrada a que su hijo pronto pueda regresar.

RESISTIR UNA DESAPARICIÓN

Santa Cruz me cuenta allí sentada en su comedor con el hule transparente puesto que le refleja el rostro triste y las gorras de su hijo exhibidas, que Geovanni desapareció hace dos años. El 20 de febrero de 2022 en el municipio de Arandas,Jalisco.

Me muestra las fichas odisea y un expediente de denuncia para demostrarlo. Como intentando converse de esa verdad que absoluta en México, donde cada días las desapariciones forzadas incrementas. Aquí en el estado de México este año ya superan las 5 mil.

En el mes de febrero, justamente en los dos años cumplidos de la desaparición del joven de oficio albañil, los Molina Reyes de San Lorenzo Tepaltitlán, Toluca tuvieron una tarde de llorar y extrañar a Geovanni, dice Nayeli, nuera de Santa Cruz.

”Aquí somos muy alegres, hacemos fiesta a San Juditas cada año pero ayer fue un día de llorar y recordar”, dice la joven, quien también nos acompaña en la mesa.

No es una tregua fácil resistir dos años de búsqueda. Los Molina han regresado y han venido de Jalisco las veces que han sido necesarias y el recurso financiero se los ha permitido. Pero regresan siempre y cada vez sin nada. Con falsas pruebas, sin resultados de las búsquedas y decepcionados de la justicia en el país.

”Ya no hemos podido ir, pero el colectivo nos mantiene informados”, dice Santa Cruz.

Geovanni Alejandro Molina Reyes, tenía 24 años cuando desapareció. Era un albañil originario de Toluca que estaba afianzado en obras de construcción. Se iba por temporadas largas con su padre y otros conocidos de San Lorenzo, revela su familia.

Tenía dos meses trabajando en Jalisco antes de desaparecer. Ya era una rutina, por eso no se percataron de que ocurriría lo más terrible que han confrontado como familia.

Era domingo y el toluqueño salió del cuarto que rentaba para ir a la tienda. Iba a cenar.

“Se fue por su cena y ya no regresó. Es lo que nos dijeron sus compañeros”, recuerda Santa Cruz.

La primera hipótesis es que el crimen organizado está involucrado en la desaparición. Pero aún no hay certeza de nada, al menos para Santa Cruz.

“Yo me imagino que mi hijo entra, me dice Gordita ya vine, así me decía”, llora Santa Cruz al imaginar de nuevo esas escenas.

DOS CARTAS

Abigail, una pequeña de unos ocho años, comienza a leer una breve carta allí en el comedor. Le puso dibujitos y letras de colores: “tío te estamos esperando, regresa pronto, te extraña tu familia”, deletrea Abigail. Luego la pone en el altar al lado de una de las figuras de San Judas.

Santa Cruz también recoge una breve carta del altar. Sus palabras son más sentidas.

“Se la escribí el año pasado y se la puse en el altar”, me explica.

La carta dice en su primer párrafo: Geovanni, hijo, regresa a casa, tu familia de espera con los brazos abiertos. No tardes mucho”, lee en voz alta Santa Cruz y recuerdo a mi madre deletreando, cuando nos pasábamos algunas tardes intentando que aprendiera a leer.

Las dos cartas, tanto la de Abigail y Santa Cruz, siempre están en el altar. También hay fotos de Geovanni y las fichas de búsqueda y figuras de San Judas, porque es al santo al que se lo encomendaron.

“Cada 28 de octubre le hacemos fiesta aquí en la calle, se juntan todos los vecinos”, explica Nayeli.

RETAZOS DE VIDA

Al lado del altar, Santa Cruz abre una alacena y de ahí saca más fotografías. Son de Geovanni a los cuatro años, a los ocho y a los 13. Son recuerdos que la madre buscadora abraza cada vez que se le suelta el corazón, revela.

“A veces ya no puedo, lo comienzo a imaginar. Sus hermanos lo llaman en el cuarto y le dicen: Boder, vente carnal, mamá te preparó retazos de res”, llora Santa Cruz nuevamente.

Geovani tenía en su brazo derecho el tatuaje de su padre Alfonso y en el izquierdo el de su madre Santa, así a secas, en el pecho la frase: «Family», por la devoción a su familia.

Fotos FR Informante


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