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Allí están, inertes sobre el pavimento seco y desgajado, pedazos de tela que eran unos pantalones de trabajo diario, un tenis, que lucía sus cordones de colores, un zapato tipo mocasín que se enchurró con el sol. También pedazos de cinta amarilla que revolotean en los troncos de árboles y anuncios viales.
Un celular con la carátula estrellada y vasos vacíos con un mechero al fondo. También pedazos de credenciales y licencias de conducir.
Son objetos que nadie reclama pero que fueron el accesorio perfecto para alguien antes de la tragedia.
El paso de los años, los van devorando y pareciera que se van amoldando como parte del paisaje urbano con el asfalto. Los vehículos pasan y los demuelen aún más. Peatones que cruzan los carriles, pisan pedazos de faros, tela, e incluso cabellos que casi son inexistentes.
En cada carretera o avenida como la Toluca-Palmillas y Paseo Tollocan, estos objetos, quedan olvidados y pareciera que se convierten en retratos con pequeños fragmentos de historias en rompecabezas.
Los más comunes junto con las cruces, son los zapatos. Inexplicablemente es la prenda más común. Quizás por la inercia al momento del impacto del cuerpo contra la carrocería de un vehículo.
Suelen ser ignorados por los peritos y por los familiares de las víctimas y pasan a ser adorno del paisaje urbano.
“No solo queda el dolor, también esos objetos que se pretenden ocultar de los recuerdos, porque hace que duela más”.
El promedio de accidentes con lesionados y pérdidas humanas a bordo de motocicletas y vehículos particulares, en vialidades como la Toluca-Palmillas y Paseo Tollocan, supera los tres casos por semana. Son más frecuentes en temporada vacacional en fines de semana, según los recuentos periodísticos e informes de servicios de emergencia.








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