FR Informante
El silencio se trasluce en claxon de camiones y escapes de coches que pasan por la avenida Manuel Buendía. Desde los locales y las bicis que pasan, solo asoman la mirada a donde trasmito en vivo frente a la taquería y huyen. Nadie quiere recordar lo que pasó.
En la madrugada, si, a esas horas en que la neblina es muy espesa en estos días de diciembre y pareciera que nadie se asoma a la calle, hubo disparos. Sujetos armados llegaron a la taquería “Los Peques”, asaltaron a los comensales y dueños y dispararon. Hubo dos lesionados. Uno de ellos falleció en el hospital.
—No, yo no supe nada, ni sé que esa era una taquería, —Niegan la verdad de los hechos los vecinos que pasan a prisa. Pero las cintas amarillas son muy obvias desplegadas en la reja de malla y el ventanal del local.
En una enorme lona amarilla con letras rojas frente a la taquería dice: “Bienvenidos”. Eso congela, hace mutis en uno, porque los que saben que ayer hubo balazos allí y que hace cuatro años, ocurrió lo mismo, no quieren ni si quiera mirar hacia ese extremo de la avenida Manuel Buendía.
—No supe qué hubo, yo solo vendo de día mis flores, —explica una mujer que roza los 70 años.
—Todo está muy triste aquí joven, no se vende nada, —Reprocha la comerciante de nochebuenas.
Y sus palabras resultan con tal verdad, que no veo la forma de reprocharle.
La avenida pese al ruido de los escapes de motos y chimeneas de camiones, parece estar en silencio. Al frente un local de tapicería, una pollería, al costado un bufet de abogados cerrado y otros locales en renta.
Los que se asoman me miran extraviados y luego siguen en lo suyo. Abunda la rutina de pronto. Un par de patrullas han estado pasando, se detienen a entrevistar y avanzan.
El acordonamiento con las cintas amarillas, es lo único evidente de lo que pasó ayer. Y pareciera que es una resaca de la que nadie quiere contar.
—Nos vemos señora, —Me despido de la vendedora de flores.
—Cuídese mucho, —Me bendice en silencio.
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