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En el tramo acordonado de la Toluca-Palmillas, los peritos van levantado con una camilla restos de quienes hace unas horas aún tenían una vida, también levantan y le toman fotos a un celular en pedazos y recogen un tenis blanco, un zapato tipo industrial, que salió volando hasta el carril extremo.
Algunos de esos objetos los peritos los vuelven a dejar intactos sobre el asfalto y abandonados sin llevarlos como pruebas. Meses después, esos zapatos siguen allí, tiesos y arrugados.
Cada maniobra pericial, es así y a veces hasta dos veces por semana en la misma carretera.
LA MADRE
—Estuvo bien rudo —comenta un curioso que llegó al lugar de los hechos. En la escena, sobre el asfalto de la carretera, horrorizan los restos del cuerpo de una mujer sin identificar, que fue atropellada.
Los peritos llevan más de dos horas laborando en los carriles de alta velocidad de la Toluca-Palmillas con dirección a Tres Caminos.
—Iba a cruzar y zas, la atropellaron —relata un oficial que abandera el tramo vial.
A la gran calzada llamada Toluca-Palmillas, la dividen una vía de tren y la parten intermitentes puentes antipeatones que cruzan de un norte a otro norte de Toluca.
En uno de esos puentes, la vista hacia el vacío deja ver al menos cinco cruces con flores secas, de metal, madera y cemento. Se esconden entre la maleza que crece en temporada de lluvias y se seca con el invierno.
Dispersados, igual que las cruces hay residuos en pequeños trozos apenas visibles de calaveras de faros de autos, tornillos y tuercas. Láminas de facias y toldos. También zapatos, pedazos de tela e incluso celulares desechos.
Pareciera que el puente igual que todos los que cruzan la gran “calzada”, han visto todas las tragedias desde allí arriba.
Continuamos en la primera historia. Unas horas antes (alrededor de las 6:30 horas), una mujer con su bebé en brazos, intentó cruzar los carriles de alta velocidad de la vialidad, pero fue alcanzada por un vehículo que la arrastró varios metros.
«Los otros carros la remataron, pero el bebé se salvó, fue trasladado, es un menor de un año aprox», revela el oficial que corre de un extremo a otro del acordonamiento.
La oscuridad y la neblina de la mañana contribuyeron a la tragedia en esa calzada. En medio de todo, «un milagro» y el instinto de madre, es lo único que explica que el pequeño se haya salvado. El cuerpecillo quedó fuera del alcance de los vehículos, mientras su madre recibió los embates de las llantas.
En la escena, hay un acordonamiento de unos 100 metros de tramo vial. Un grupo de cinco peritos centran la vista y las lentes de sus cámaras sobre el concreto negro en busca de más pistas y restos.
Fuera del acordonamiento, los peritos aún no descubren la cobijita con estamapados de ositos que luce manchas de sangre. Asemeja a un recién nacido. En ella iba envuelto el pequeño.
«Por no usar el puente», alega un grupo de curiosos de las fábricas aledañadas que se detuvieron a mirar. Y es que el paso vial, es cruzado a diario por cientos de familias que van de Calixtlahuaca a San Pablo Autopan. La mayoría «torean» los vehículos y se arriesgan por los carriles. Es un vaivén de gentes.
Junto al zapato de la víctima que quedó en el asfalto, una cruz negra de metal enterrada para otra tragedia, fue desprendida por la inercia del incidente. El acordonamiento es retirado por un policía, que corre a prisa a quitar la cinta y los conos. Radio en mano y su gorra con la insignia. La escena se esfuma, pero la tragedia ahí se queda.
LA TRAGEDIA VIAJA EN MOTO
La más reciente tragedia, volvió a esparcirse esta semana. En menos de 24 horas, el saldo fue de tres decesos.
Y pareciera que “la tragedia viaja en moto” en esa carretera. Sí, porque los dos hechos viales coinciden en que ocurrieron en el mismo tramo, a bordo de motocicletas y que las tres víctimas eran jovencitos de entre 19 y 23 años.
—Era mi familiar, —Dice un jovencito que se acercó llorando y pasó el acordonamiento hecho por la policía.
La familia de los dos jóvenes se atrincheró en un rincón, lejos de la policía y los curiosos. Hacían llamadas y se abrazaban. Un hombre encorvado, casi pequeño, lloraba sosteniendo su celular en la oreja. Le decía con la voz temblorosa a quien le marcó que sí, en definitiva, era su hijo el que estaba debajo de la sábana a mitad del carril.
En otra escena, ocurrida esta misma semana, un grupo de mujeres, se sentaron sobre el camellón de la carretera y se abrazaron llorando. Con desconsuelo. Mientras el cuerpo de Ángel, un jovencito de 19 años y su tenis blanco, lucen derribados en el asfalto negro de la Toluca-Palmillas.
—Pasen de este lado, por favor, —Les pedía un policía, para instalarlas en un lugar más seguro.
TRAGEDIA BAJO LA LLUVIA
El cuerpo de Ángel quedó recostado sobre el pavimento de la carretera Toluca-Palmillas luego que un tráiler lo aventó junto con su compañero a bordo de una motocicleta. Le colocaron una veladora que por ratos se apaga porque comenzó a llover ese miércoles.
También le tendieron una sábana y pareciera que a su familia se le hacían eternas las horas porque no llegaba el Semefo. Todos le lloraban, incluida su madre y la escena era desgarradoramente triste.
–Pongan los paraguas, —piden unos familiares. Se abren al menos tres porque chispea y deben esperarar obligadamente.
Los hechos ocurrieron en la esquina con la calle Morelos, que lleva hacia San Pablo Autopan, a lo hondo del norte de Toluca.
“Los aventó un tráiler y lo detuvieron allá adelante”, indican algunos testigos que observan desde lejos.
Las ambulancias llegaron y trasladaron a otro joven, pero con Ángel no pudieron hacer nada.
El sitio fue acordonado por la policía municipal y cerraron la calle.
Aún esperan la llegada de los peritos mientras no deja de llover y la noche avanza.
EL HOMBRE
También hace poco la “Calzada” y las personas que cruzan sus puentes fueron testigos de una de las tragedias más peculiares. Amarillistas al ojo de los hábidos lectores de la nota roja.
“El hombre venía en bata de baño y se aventó entre los carros”, explicaría un testigo aquella noche.
Saraí había llegado tarde a la parada del camión como irremediablemente lo haría en el turno en la fábrica. Su miopía no le permitía ver claro los anuncios de los camiones que pasaban, por eso no se percató cuando el hombre cruzó a su lado y se echó a los carriles de baja.
“Iba como esquivando a los coches”, dice Saraí.
La poca luz y la velocidad de la Toluca-Palmillas contribuyeron a la tragedia. El hombre había quedado tendido ya sin vida en el asalto.
EL CELULAR Y EL ZAPATO
Hace algunos años, mi entonces jefa de Información del diario, me dejó de agenda perseguir el enigma de por qué los zapatos y celulares era lo primero que se desprendían de las personas al momento de un siniestro vial.
No entendía su ángulo. Fue hasta que observé la escena en que perdió la vida un motociclista, al cual su celular y su segundo zapato nunca los hallaron los peritos.
Los golpes son tan fulminantes en esa calzada, que pueden partir un auto en dos con un solo árbol, también pueden hacer volar un motor de media tonelada a más de 100 metros.
Entonces, es lógico que un zapato vuele hasta dispersarse de la escena y fuera de la vista del acordonamiento policiaco.
La tragedia había ocurrido en otro puente de la calzada llamada Toluca-Palmillas.
Después de retirarse los peritos. Volví a recorrer con mis propios juicios el lugar. Caminé pasos de un extremo a otro del asfalto. Entonces entre pedazos de lámina hallé un celular con carcasa azul cielo y un pegote. La pantalla estrellada y ya inservible. Al otro extremo escondido entre el zacate, un zapato color negro tipo mocasín polveado y los cordones sueltos.
Nadie los reclamó, ni la Fiscalía como pruebas, ni los deudos como recuerdo. Solo la “gran calzada”, como trofeos de sus muertos.









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