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A tan solo una semana de que las autoridades estatales, la fiscalía del estado de México y la Guardia Nacional intervinieran para controlar la tala ilegal de árboles en Huixquilucan, un grupo de talamontes que siembran terror y miedo argumentando ser parte de una célula y decir que están protegidos en la zona, liderado por Arturo “N”, conocido como «El Pepín», sigue operando en la región sin que se logre frenar su actividad delictiva.
A pesar de la intervención de las fuerzas del orden, las prácticas destructivas continúan, y cada vez son más visibles los daños en las montañas.
Los huecos provocados por la tala indiscriminada dejan una huella irreversible que afecta tanto a la biodiversidad local como al equilibrio ecológico de la zona.
El daño se está haciendo más evidente y no solo pone en riesgo los ecosistemas, sino que también amenaza el principal pulmón verde de la región.
Huixquilucan, conocido por su rica vegetación y paisajes montañosos, está siendo víctima de una explotación ilegal que, de no ser detenida, podría resultar irreversible para las futuras generaciones.
Comuneros, vecinos, ambientalistas y habitantes de la zona exigen a la Gobernadora del Estado de México, a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México y a la Guardia Nacional que pongan un alto definitivo a estas actividades ilegales.
La comunidad pide medidas más efectivas y contundentes para erradicar este problema, que ya afecta la salud del medio ambiente y la calidad de vida de los pobladores.
La intervención de las autoridades debe ser inmediata y sostenida para evitar que el daño ecológico continúe expandiéndose.
La protección de nuestros pulmones verdes y la preservación de nuestros recursos naturales deben ser una prioridad para garantizar el bienestar de la población.









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