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‘Limpiamos lo que todos tiran’; recolectores, el empleo que nadie voltea a ver

FR Informante A Orlando y sus compañeros los encontré casi saliendo del turno. Ya habían empacado fajas de cartón y habían separado todo lo bueno, por así decirlo, de los desechos que ni ellos, con un olfato adiestrado, pueden soportar oler. “La gente no separa su basura. Nos encontramos cosas de lo peor y lo…

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A Orlando y sus compañeros los encontré casi saliendo del turno. Ya habían empacado fajas de cartón y habían separado todo lo bueno, por así decirlo, de los desechos que ni ellos, con un olfato adiestrado, pueden soportar oler.

“La gente no separa su basura. Nos encontramos cosas de lo peor y lo tenemos que agarrar”, externa el recolector, a quien hallé en el punto de recolección de Paseo Matlazincas, justo en la entrada de los barrios tradicionales de Toluca.

Orlando lleva varios años trabajando en el área de limpia, el tiempo suficiente para saber cómo seleccionar la basura y hacer que el contenedor rinda para todo el turno.

“Juntamos unas tres toneladas por turno. Aquí lo difícil es separar. A veces vienen animales muertos o comida echada a perder”, dice.

“Le puedo decir que limpiamos, lo que nadie quiere limpiar”, añaden sus compañeros casi resignados y un tanto reprochando los malos hábitos de las personas que llegan y les dejan abandonadas las bolsas.

En el punto de recolección hay dos contenedores enormes para los dos turnos: el del día que inicia a las 7 de la mañana y debe llenarse a las 4 de la tarde. Y el de las 4 que debe llenarse antes de las 11 de la noche.

—¿Trabajan de noche—.
—Sí, hay un turno que recibe antes de las 11, —Explica Orlando.

Aún así, los recolectores batallan a diario con el abandono de basura que amanece a lo largo de Paseo Matlazincas y que deben recoger las brigadas.

“Pues yo pediría a la gente que deje abandonada su basura. Con eso nos ayudan mucho”, pide el empleado mientras se dirige a la cámara.

Para hacer rendir el conetenedor, el grupo de recolectores le colgó dos costaless tipo jumbo, en los que cargan cartón, plástico y otros desechos que son reciclados.

Una vez lleno el contenedor, lo cargan a una grúa, la cual traslada los residuos hasta el relleno sanitario de Zinacantepec.

—Venga para que vea cómo cargamos el contenedor. –Me dice Orlando. Y entonces comienzan la maniobra. Entre cuatro personas intentan levantar un poco la carga para que quede montada a la grúa.

Sin embargo, la grúa cede porque el peso esta vez ha sido mucho. Deben intentarlo varias veces.

“Es que son como tres toneladas”, dicen. Mientras lo intentan hasta lograr remolcar el contenedor.

Su turno acabó rozando los minutos después de las 4 de la tarde. Pero así es a diario. Son minutos que no se pagan, solo con las propinas que las personas les dejan en un bote de leche que colgaron de un par de palomas metálicas que adornan el Paseo Matlazincas.

Allí en medio de esas palomas, los recolectores instalaron un vitral para adornar con “santitos”. Hay varias figuras de la virgen de Guadalupe y del Santo Niño.

Son estatuillas que aparecieron en las bolsas de basura y a las que le celebran su fiesta el 12 de diciembre.

Debajo de las palomas, a las que pintaron de azul cielo y amarillo el grupo de recolectores descansa un poco antes de retirarse.

Se sirven un último vaso de refresco y platican echando carcajadas. Se relajan antes de limpiarse un poco las ropas y olvidarse unas horas de su ardua jornada, que mañana volverá a iniciar.

Fotos FR


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