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Historias: ‘Es nuestra herencia’; alfeñique de los Jiménez, el alimento del Día de Muertos

FR Informante La mesa de madera que está al centro del taller de los Jiménez, pareciera un mosaico con diminutas piezas de arte hechas de dulce que con las horas van tomando forma. En la habitación repleta de cajas, anaqueles y paredes desnudas sin repellar, lo que sobra es eso, alfeñique. Figuras que van colocando…

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La mesa de madera que está al centro del taller de los Jiménez, pareciera un mosaico con diminutas piezas de arte hechas de dulce que con las horas van tomando forma.

En la habitación repleta de cajas, anaqueles y paredes desnudas sin repellar, lo que sobra es eso, alfeñique. Figuras que van colocando en huacales adornados de papel picado, que lucen como ofrendas. Otros están en tarimas, como se lo de hacer pan se tratara.

“Aquí según nos van pidiendo, vamos sacando el dulce”, explica Verónica Jiménez, la actual encargada del taller ubicado en el municipio de Mexicaltzingo, Estado de México.

Los Jiménez han estado apurados desde hace meses. Deben surtir su puesto que se instala cada año en la Feria del Alfeñique de Toluca.

“Ahorita ya tenemos el puesto abierto allá en Toluca. Y si se necesita más, hacemos más”, dice Verónica.

—Mire, aquí sale mi mamá con el Presidente. —Presume Verónica un retrato que sacó junto con unas piezas maravillas hechas de azúcar. En la fotografía sale su madre saludando al expresidente Carlos Salinas de Gortari.

“Es que ya hemos estado muchos años en la feria”, asegura la artesana.

Luego echa sus manos sobre una masa color rosa. A la que van amasando con el uslero hasta dejarla plana.

“Esta masa es de azúcar y otros ingredientes. Se debe aplanar y de aquí se puede hacer cualquier figura”, explica Verónica. Mientras va sacando la forma de esa masa de una pequeña caja de muerto, a la que decoró con olanes de más azúcar.

Lo hace con mucho detalle y paciencia sacando un diminuto chorro de masa de azúcar de una bolsa.

“Miré, estas son otras piezas, todo es comestible, incluso la cazuela, es como si fuera mole pero de azúcar”, dice Verónica cuando pone sobre la mesa del taller una cazuelita, un borreguito, un comedor con sus sillitas y una pequeña catrina. Todas son piezas preciosas.

Charlamos por horas mientras la habitación se llena aún más de aromas y Verónica y su hija Mitzi van demostrando su habilidad para vaciar el azúcar y chocolate.

Fotos FR


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