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En cada paleada que Catarino echa, se le mira más el desánimo. Se le mira agotado. Pero está seguro que es mejor así. Estar aquí que dejar a la suerte con el narco a sus dos hijos y su esposa.
Y así mientras don Catarino palea el cascajo para echarlo a un bache, platica que hace meses sacó a su familia de su hogar en Ciudad Hidalgo, Michoacán para protegerla. Agarraron lo que pudieron: ropa, cobijas y despensa. Subieron a su camioneta Ford color perla y huyeron rumbo a Toluca para alejarse de la inseguridad de allá, dice.
Pero llegaron a otro “infierno”, donde hace unos días les robaron la camioneta y literalmente los obligaron a dormir debajo de un puente vial.
—De allá salimos por el crimen. Está feo, pero acá ya nos robaron, —Dice Catarino con el semblante más tranquilo de lo que le pasa. Aunque sin saber lo que les depara el futuro de los siguientes días a él, su esposa y dos dos hijos.
“Llegaron una señores en la noche, que según eran policías y nos quitaron la camioneta”, cuenta Alejandra, esposa de Catarino.
“Nos echaron a correr sin zapatos y en la noche. Luego yo le dije a mi viejo que creo no eran policías y ya nos habían robado”, dice llorando Alejandra.
Fue durante la madrugada, que les robaron la camioneta, cuando la familia dormía debajo del gran distribuidor de la plaza Santín. Fueron varios sujetos los que llegaron vestidos de civiles y les dijeron que eran policías y se llevarían su camioneta.
Ya los habían “venadeado”, los habían visto dormir en los puentes y tapando baches durante el día en la entrada a Sauces.
“Ahorita tapamos baches y la gente nos da algo. Aunque sea para comer”, explica la familia.
Traen consigo una carretilla con unos botes y una pala que les prestaron “gentes buenas”, dicen.
“A mi niño el más grande le dieron trabajo en un local”, dice Alejandra. Mientras Catarino y su esposa buscan cascajo y baches para tapar.
El niño pequeño los sigue montado en un triciclo viejo. Es lo único que les quedó de sus pertenencias que se fueron en la camioneta.
“Mire esta es la camioneta, es aperlada”, me muestran una foto desde su celular. Piden que alguien les ayude para hacer la denuncia de robo, pero tienen miedo que los sujetos regresen y les hagan daño.
“Ojalá que las autoridades nos ayuden. No tenemos nada”, llora Alejandra resignada.
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