
FR Informante
En el sepelio bailan los moros, corren con sus máscaras de colores sobre la calle Cerrillo en San Antonio Acahulaco y gritan con un machete rosando el piso.
Los veo al quitarse las máscaras llorando desconsolados. Le lloran a su amigo, al que también le pusieron un casco dorado sobre el ataúd que velan en el patio de la casa de Eduardo.
“Es que él participaba en esa comparsa, andaba en todas las fiestas”, dice una tía de Eduardo que escurre unos ojos rojizos de sueño y lee haber llorado toda la noche.
Una niña de unos 11 años, en esa escena cruda intenta soplarle a una flauta para llevar el compás de los moros. Lo hace de manera formidable.
FESTEJO PATRIO CON VELORIO
Dos días atrás, cuando todos festejaban el Grito de la Independencia de México, tronaban cohetones y comían cuánto había en la mesa. Justo a mitad de la noche Eduardo se enfrascó en una discusión con un operador de la empresa Xinantécatl en San Antonio Acahualco en Zinacantepec, con quien ya tenía una rencilla vieja.
—Según se hicieron de palabras pero el chofer ya lo había molestado antes, dicen los familiares de Eduardo buscando una explicación de los hechos.
Los hechos pasaron de súbito mientras aún era de madrugada y la familia de Eduardo aún festejaba.
“Le pasó varias veces con el camión por encima, también a su esposa la atropelló y a su hermana y luego se dio a la fuga”, explican los familiares el día del sepelio.
La esposa de Eduardo, su hermana y él mismo quedaron tendidos en el asfalto por más de 30 minutos en tanto se llamó a las ambulancias. Les pusieron unas cobijas pero cuando los paramédicos quisieron mover a Eduardo, ya no respondió, revelan sus familiares.
UN CRUDO MIÉRCOLES
Este miércoles fue un día nublado y el viento desplegaba el moño negro que pusieron en la entrada al patio donde fue la misa para Eduardo.
El espacio apenas alcanzó para instalar unas sillas, poner al conjunto norteño que entonó canciones y que los del grupo de moros se instalaran para bailarle a Eduardo.
Frente al ataúd le colgaron una sudadera del grupo de moros de San Antonio Acahulaco. Debajo había una cruz de veladoras que fueron dejando los asistentes y a las que les encendían el mechero.
—Hay que dar un aplauso para Eduardo, —Interrumpió uno de los tíos del joven, mientras la hilera iba pasando a echar una cruz de agua bendita sopeando una flor a un vaso con agua, sobre el ataúd y la fotografía de Eduardo.
Fotos FR








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