FR Informante/Filiberto Ramos

—¡Hay va el golpe! —grita “El Pelón», mientras cruza el pasillo de la nave “I” jalando su diablito con 300 kilos de verduras.
Trabaja de “diablero”, igual que otros mil cargadores en la Central de Abasto de Toluca.
—Aquí hay chamba, aquí vienes a chingarle, —dice don Toño. Un estibador logenvo que no deja de correr con su diablo.
Su forma de obtener unas monedas, es a base de cargar bultos, descargarlos y jalarlos hasta donde su cliente le pueda. Su oficio es rudo, para los más resistentes, dicen, como el de pocos.
«Soy de peso completo para aguantarle a esto, que es de maña, de saberle a la maniobra para levantar la carga», explica Emilio.
Antes de las 4:00 horas llegan envueltos en sudaderas, gruesa chamarras, somnolientos con un pan y un vaso de café en la panza, sus mandiles puestos y unas las manos cayosas que aguantan de tres a cinco viajes diarios con 300 a 500 kilos.
La chamba es por tradición de las 4:00 a las 7:00 horas, cuando llegan los abarroteros a abastecerse, por eso en su oficio se madruga, esa es la ley y la regla básica.
«Cuando te agarran sin calentar, la verdad si te das tus torzones, un hombro o la cintura, pero ya depende si te toca algo ligero como el tomate, puedes calentar pero si te toca un bulto de papas, ahí si es duro», comenta Charly luego de tomar un rato de descanso. Para luego continuar.
—¿Cuántos kilos carga en su diablo?
—¡Muchos! unos tres cuartos de tonelada por lo menos, -asegura Raúl, que lleva la experiencia en los cayos de sus manos.
En su oficio, los accidentes son de todos los días. Y si la mercancía se cae, se debe pagar, porque no hay seguros que lo cubran.
«Aquí hay que saberle, hay muchos que ir a prisa corren y se accidentan, se les va la carga y echan a perder la mercancía del cliente, también hay que saber colocar los bultos», reiteran los estibadores.
Los «amos del viene viene», por lo regular están distribuidos en las naves del fondo, donde se surten los mayoristas, ahí se instalan en los largos pasillos de la Cenabasto, a mitad de las verdulerías, las semillas, los carnicos, donde los conocen bien por su número de diablo.
Gregorio lleva el 374 A que se repite en su credencial, y don Magdaleno tiene el número 552 A.
Es otro de los diableros de las naves, cada uno identificado, para evitar a los piratas.
«Yo tengo más de veinte años con mi diablito, me he ganado mi derecho, pero hay muchos que vienen a invadir, pagan un cuota más para que los dejen entrar y nos quitan la chamba», lamenta el cargador, que a pesar de su edad, se mira fuerte, sin los músculos atrofiados.
En los pasillos anchos de las naves todas las madrugadas y mañanas cientos de estibadores cruzan a prisa con una habilidad y destreza que requiere de años.
“Es la maña, tienes que tenerla”, asegura Emilio montado en la base de su diablito esperando una segunda ronda.

























DATOS
Hasta 500 kilos cargan los estibadores
Unas 3 horas cargan mercancía
Unos 1000 diableros trabajan en la Cenabasto








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