FR Informante/Filiberto Ramos

La oración del payasito en sencilla. Pide por no dejar de sonreír y hacer reír a su público. No hay más apremio que eso, dice, porque dejaría de ser Frijolito y solo ser Pedro.
—Creo que solo le pido al Señor de Chalma que me permita seguir riendo, —me asegura Frijolito sentando en uno de los sillones de la acogedora sala a la que me invitó pasar.
Cada febrero la imagen del Señor de Chalma que arroparon hace diez años el gremio de Payasos de Toluca, sale de algún lugar de este gran valle. Le preparan comida, flores, le cantan y le bailan. También le cuentan chistes. Sí, el Cristo tiene su propio show.
Esta vez le tocó a Frijolito Show, por eso me invitó a visitarlo a su hogar.
En su casa, frente al zaguán está el enorme vitral que resguarda al Cristo.
“Mañana salimos en pegregrinación a Chalma”, me explica.
Sentados en su salita, mientras me platica, con dificultad me imagino al payasito, porque nunca lo he visto antes sin los maquillajes en su rostro.
—A nadie del público me le presento así sin maquillajes, —Me revela con su sonrisa al natural. Es decir, sin las cremas que le empañen.
El payasito hoy se reveló tal cual para poder contarme la historia de su peregrinación.
Él se llama en realidad Pedro Peralta, tiene 44 años y vive en San Pablo Autopan al norte de Toluca. Sin esos increíbles maquillajes que le demoran casi tres horas, solo hay un hombre de lo más común, con jeans, una playera del club Toluca y su cabello teñido de rubio.
—Soy padre de familia, estos son mis hijos y mis nietos, —Me dice Pedro con toda la confianza que hay para este reportero.
AL SEÑOR NO SE LE FALLA
Desde el domingo en la casa de Frijolito comenzaron a prepararse. Fueron al mercado de flores del Juárez para traer el arco de crisantemos, margaritas y rosas.
También forraron una alcancilla para las limosnas del camino y tienen lista el estandarte, la túnica y baja del Cristo.
“Se le debe cambiar de ropita. Mañana antes de salir lo hacemos”, explica Pedro.
COMITIVA PARA AGRADECER
Mientras charlamos, sus sobrinas, cuñadas y comadres van llegando. Pasan frente al Cristo y se persignan con una leve reverencia.
En la cocina su esposa Karina organiza a las mujeres. Este año deben llevar la suficiente comida para todos los peregrinos.
“Estamos preparando un poco de mole verde, chicharrón en salsa verde y otras cosas”, me explica Karina. Sobre la mesa están listos todos los ingredientes.
Una bolsa de chicharrón crujiente, jitomates, cebollas y chiles verdes que el grupo de mujeres deben pelar y moler.
El ambiente es un agasajo y así dura toda la tarde.
“Mi esposo es el único payasito de la familia, pero nosotros le ayudamos”, comentó Karina.
En los show, mientras Frijolito hace sus rutinas, Karina pinta caritas y su hija sirve de asistente llevando y trayendo los accesorios del payaso.
“Aquí la familia siempre es primero, todos estamos unidos y nos ayudamos”, externa Pedro.
UN HOGAR DE RISAS
El hogar del payasito es peculiar. La salita está llena de fotos colgadas con recuerdos, una pintura del payasito con la virgen de Guadalupe y del otro extremo el payasito en su boda.
hay una repisa repleta de muñecos de payasitos que colecciona Frijolito.
En la otra habitación me muestra si camerino. Donde deja a Pedro en el estuchero de pinturas.
“Mira, este es mi lugar donde me transformo, aquí paso hasta tres horas. Luego les digo de broma que no abran la puerta”, sonríe Frijolito.
VÍSPERAS
En estas vísperas a la peregrinación, el payasito anda de un lado a otro. Ya adornó el vitral con flores, lustró el vidrio y consiguió la camioneta para trasladar la imagen.
La comida está completa y deben alimentar a todos los peregrinos.
“Debe alcanzar. La comida se ofrece al final”, dice Karina.
Allí sentados a su comedor en la cocina, la familia sonríe, llaman a los niños que juegan la pelota en el patio. Mandaron traer tres Coca Colas y sirvieron diferentes guisados a la mesa.
—Adelante amigo Fili, coma joven, —Me convidan los Peralta. Y todos pasamos una tarde amena. Me preguntan del trabajo diario de reportero y reímos en esa mesa. Lo disfruto como si fuera la casa propia y me olvido por ese momento que soy reportero.








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