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Antes de ingresar al cuarto que parecía calabozo, a Andy le tomaron su nombre, fotos y huellas dactilares. Ya al interior de las cuatro paredes, le ordenaron hacer cinco sentadillas, mientras una mujer la observaba con la risa irónica. La desnudaron y le obligaron repetir la rutina hasta que estuvieron conformes.
—Ya están los cincuenta, los que sigan llegando, ya no los reciban, recuerda Andy de una conversación entre los policías.
En ese cuarto la encerraron junto con otras mujeres detenidas en el operativo de la terminal. Desde las 10 de la mañana del sábado hasta las la una de la tarde el domingo a Andy la mantuvieron presa, sin probar bocado y luego la liberaron sin darle razones ni disculpas.
—Mi mamá entró como a las dos de la madrugada pero sólo pudo meter un pan y agua, señala Andy.
Durmieron paradas, por grupos, sin entender lo que sucedía, ni dónde estaban, dice Andy.
«Me metieron a la misma celda de las mujeres que aparecen en las fotos como extorsionadores», revela.
3 HORAS ANTES
Ese sábado alrededor de las 10 de la mañana Andy regresaba del Garis, antes de llegar a abrir su puesto de gorras y carreras. Se detuvo a comprar su desayuno y fue cuando comenzaron a llegar los uniformados y agentes de la Fiscalía.
—¿Sabías lo que estaba pasando?
—No, dice Andy. —Pensé que era otro operativo por las maquinitas tragamonedas, pero fue cuando todo comenzó.
UN AVERNO
—¡Qué me ves pendeja! baja la mirada, le dijo uno de los agentes a la amiga de Andy cuando quiso reclamar sus cosas al momento en que ambas fueron detenidas y subidas a la patrulla.
Cuando a Andy la agarraron y la echaron a la batea de la patrulla, primero pensó en su pequeña que iba de su brazo. Luego en que ya no volvería a salir, aunque su único delito fue llegar a su puesto frente al Elektra de la terminal, a donde arribaron los policías de la Fiscalía.
—A esta también, porque está grabando, ordenó uno de los ministeriales a los policías, recuerda Andy. La forcejearon y la subieron.
«Me quedé en shock, porque yo no estaba grabando pero no les importó que fuera mi niña y mis sobrinos», reprocha la joven.
Junto con ella detuvieron a su amiga Britani y a su esposo Alberto. De ambos solo Alberto fue liberado junto con Andy.
«Cuando a mi detuvieron también detuvieron a mi cuñado, a una amiga y su esposo. A unos los golpearon, a varios», relata Andy.
Andy fue liberada el domingo 28 de enero a las dos de la tarde.
NOTA: El nombre de Andy es ficticio para la protección de la víctima.








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