Crónica: ‘Gracias a la virgencita estamos’; vuelve la tragedia a la Central de Abastos de #Toluca

FR Informante —Aquí amaneció desde ayer, dice un comerciante que intenta quitarse el sueño con un trago de tequila y una cobija. Allí en la Central de Abastos de Toluca nadie durmió. Al menos no, los del grupo que están en el acceso a la bodega de cajas en un pequeño techo de lámina donde…

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—Aquí amaneció desde ayer, dice un comerciante que intenta quitarse el sueño con un trago de tequila y una cobija. Allí en la Central de Abastos de Toluca nadie durmió. Al menos no, los del grupo que están en el acceso a la bodega de cajas en un pequeño techo de lámina donde no alcanzó el incendio y donde tienen al centro una mesa con unas botellas para intentar aligerar. Digerir la tragedia.

—Pregúntale a la virgencita dónde quedó. Me dice el hombre que amaneció atrincherado en ese tejado afuera de las bodegas.

A un costado, justo en el acceso a la bodega, hay pequeño altar. Lo hallo en cenizas. Y de fondo todo es carbón y láminas retorcidas.

«Ahí estaba el altar a la virgen de Guadalupe, un San Juan y y San Pablo», dice el grupo.

El incendio en las bodegas de cajas comenzó el miércoles durante la noche alrededor de las 21:15 horas. En menos de una hora ya había consumido cerca de una hectárea de cartón, cajas de plástico, pacas de cartón, una camioneta de carga, tres remolques y docenas de láminas que retorció el fuego.

«El incendio comenzó tempareno, lo bueno que los agarró despiertos, sino imagínate», conversan entre dos comerciantes. Todos están atónitos.

Están con el mismo sinsabor del oscuro 10 de julio de 2023 en que ocurrió la tragedia de la nave de hierbas.

«Lo bueno es que estamos, gracias a la virgencita, eso es lo más importante», dice una mujer que anda repartiendo tortas en una caja a los trabajadores que no han dormido esperando a que los bomberos les permitan sacar algo de entre los escombros.

—Pero qué se va a sacar, no hay nada, entona el presidente de la Mesa Directa al ser cuestionado. Pero aún así, los trabajadores no han dejado de entrar y salir de entre las bodegas caídas cargando estructuras de metal, que quizás les darán un uso.

Desde temprano también hubo asambleas, se reunieron los trabajadores con la mesa directiva y les notificaron que posiblemente los reubiquen mientras se repara todo.

«Somos como 150 trabajadores, pero pues hay que empezar de cero», dice don Naum, un vendedor de cajas de San Juan de las Huertas.

De esos pisos negros salen a cada rato diablitos cargados con material, hombres cargados a la espalda de esqueletos de metal, una camioneta cargada de fierro. Un hombre que encontró dos palas y otro que halló una mesa.

DE TODOS LOS SANTOS

Allí en el acceso a las bodegas hasta ayer por la mañana estaba bien pulcro el altar a la virgen de Guadalupe, había dos jarrones con flores en cada esquina, una pintura blanca en los pilastrones de cada esquina, con adornos maquillados en oro. Al centro del altar una cruz de madera de la que solo quedó su base enegrecida. Pero la fe intacta y listos para el festejo del 12 de diciembre.

«Lo vamos a levantar, el 12 de diciembre va a tener su fiesta, pa’ que se venga», me dice el comerciante envuelto en la cobija, sentando con su grupo entorno a unas botellas de tequila que apaciguan el sueño y el frío.

NORMALIDAD

Allí en la Central todo sigue. No hay tiempo de pararar. Las cajas qué se rescataron son acomodadas por el momento en el estacionamiento. Las cargas a la cabeza de un solo tajo y arman de nuevo esas montañas de madera. Esa ciudad de cajas.

«Dónde voy a salir carnal», me pregunta un Chalán que no deja de cargar cajas. Y la Central debe seguir en su normalidad, aunque siga en llamas.

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