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El ataúd de Martín lo cargaron sus compadres, sus hermanos y su hijo. Lo llevaron en hombros desde la capilla de la colonia Sebastián Lerdo de Tejada hasta el panteón de Almoloya de Juárez. Un transitar de unos cuatro kilómetros. Con el día a flor de plomo.
«Mi padre ayudaba a mucha gente en el pueblo, por eso todos lo están cargando», explica el joven.
A Martín le quitaron la vida el sábado en la madrugada en medio de una riña que terminó con al menos 10 personas atropelladas en el atrio del pueblo. Celebraran la feria y todo era algarabía. Estaban los puestos de tacos, había baile y tronaron cuetes.
La suerte mala le llegó a Martín porque se metió en medio de un pleito que no le competía. Pero cómo decirle lo contrario si Martín intentaba siempre poner paz en su gente y en su pueblo.
«Se estaban peleando otros señores y mi papá se metió a defenderlos pero fue cuando le aventaron el carro a él y a todas las personas que estaba ahí».
Algunos corrieron a esconderse a la iglesia pero Martín Esquivel, de 48 quedó tendido sin vida en el atrio.
Todo el pueblo se alborotó e intentaron linchar al del coche pero se dió a la fuga. Solo alcanzaron a romper el parabrisas. Luego el coche fue hallado en los ejidos de Calixtlahuaca.
Y Martín era padre de cuatro hijos, hacia trabajos por aquí y por allá.
«Tenía su propio partido o asociación y con eso ayudaba a la gente», explica su hijo.
Este lunes sepultaron a Martín y le llevaron banda. Sus compadres lo cargaron y le lloraron. Le tomaron a la botella a su salud.









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