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‘Mi JR, mi coqueto’, dice en el ataúd color blanco donde llevan el cuerpo de Óscar. Las escribió su padre como un mensaje de despedida y solo el hombre sabe la historia de los apelativos.
Las letras junto con una botella de caguama pasan desapercibidas, mientras descienden entre unos cinco hombres el cajón en el pasillo del panteón. Le lloran lo último. Los amigos de Óscar le pusieron la botella de cerveza y la familia no se opuso, porque saben que Oscar tenía 19, tenía juventud y tenía vida.
El joven de 19 años desaparecido en San Pablo Autopan al norte de Toluca el 27 de febrero de 2022, lo buscaron por varios días.
Ahora Óscar es el cuarto caso de jóvenes desaparecidos y hallados muertos en el Valle de Toluca en los dos primeros meses de este año.
«Quiero que me grabes y quiero decir todo», expresa don Óscar Martínez, padre del JR, su hijo a quien este viernes sepulta.
Pareciera que es una rutina normal que los jóvenes desaparezcan en el estado de México. Y pareciera que es rutina que los municipios del Valle de Toluca cuantifiquen entre enero y febrero de este año, al menos 27 casos. De esos, cuatro de los jóvenes aparecieron muertos.








TOQUEN MIS CANCIONES
Con una bocina que se colgó a la camioneta de la funeraria, se fue amenizando el recorrido. Pusieron canciones de Grupo Firme y Gerardo Díaz.
«No lo dejamos abajo», dicen sus amigos montados en motos con el claxon sonando hasta el panteón.
Al salir de la parroquia, los chavos cargan las coronas, un cuadro de Óscar y uno de ellos, una bocina que suena con canciones. La letra dice «cuando muera toquen mis canciones» y así va la tonada por varias cuadras. Cambiando de pista y ritmo.
La bocina coincide y entona más en la caravana porque son canciones que le gustaban a Óscar.
TATUAJES
Sobre el ataúd los amigos pintaron mensajes col plumón que se fueron pasando. Dolió más la frase de don Óscar. Las frases asemejaron tatuajes.
Dice su hermana Odalis que Óscar hacía tatuajes. Sobre todo los sábados se juntaba con los chavos que llevaban sus diseños y él le ponía imaginación.
«Entre semana trabajaba con mi papá y el fin de semana hacía tatuajes», dice Odalis.









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