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—A dónde fueras, El Chilaquil’ te seguía, cuenta Dorian. Si era a la tienda, al mercado con el morral, a la escuela, allí se pegaba el callejero peludo que adoptó la delegación de Calixtlahuaca como su hogar.
«El era del pueblo, muchos lo conocimos, visitaba los locales y le daban sus mollejas», cuenta Dorian.
Por eso la infinidad de nombres para el «Chilaquil»: le decían «Mailo» y corría moviendo la cola en zig zag. Le decían «Chaparro» y allí llegaba a pedir caricias el perrito, cuenta Dorian.
Pero hace cinco meses, el «Chilaquil» desapareció, como si las calles se lo hubieran llevado, como si nunca hubiera existido.
«Fueron años de ir y visitar los puestos y diferentes vecinos y un día sin explicación alguna desapareció», dice Dorian.
«Lo buscamos en grupos de Facebook y pegamos volantes pero nada. Nunca volvió .
—¿A dónde habrá ido? Le pregunto.
—Tengo la idea, quizá acertada, de que algún familiar de los habitantes de aquí de Calixtlahuaca lo llevaron a otro pueblo, deduce Dorian.
«Es un perro que no le gusta estar encerrado, es muy inteligente, y diario iba y visitaba a diferentes vecinos y en las noches dormía en una casa de madera que se le acondicionó para el».
«La perrera no suele venir aquí, no creo por esa parte. Y bueno él no es agresivo ni nada, muchos vecinos lo buscamos, es real que mucha gente de Calixtlahuaca lo conocían y lo cuidaban», intenta explicarme Dorian para que le crea. No dudo de su historia.
«Le digo que andaba a donde uno iba», muestra Dorian un vídeo de un día de circo, en el que aparece «Chilaquil» comiendo frituras entre las gradas del circo.
Los vecinos de Calixtlahuaca aún pegan las hojas de papel impresas con la fotografía de «Chilaquil». Disponen el número celular y una recompensa que pretenden pagar entre todos los que alguna vez se cruzaron al «Chilaquil.
Pues respondía al varios nombres como chaparro , mailo , chilaquil









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