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Los Ramírez no debían morir así, dice un habitante de San Mateo que los conocía desde las peregrinaciones que hacían a San Juan de los Lagos. Y dice que todos en esa familia eran buenas personas y donaban comida cada agosto para los ciclistas que salían a rodar hasta Jalisco.
«Apenas este año íbamos a recibir a la virgen», añade el lugareño, mientras va al frente de las camionetas y un remolque que carga los cuerpos de los seis integrantes de la familia Ramírez.
Los cuerpos fueron fueron entregados el miércoles por la noche a sus familiares, los que quedaron y antes de la una de este jueves los sepultaron, porque así se los indicaron.
Allí en San Mateo Ixtlahuaca hubo una misa, se instaló una lona y a la una de la tarde se trasladaron los ataúdes a la iglesia y casi de inmediato al cementerio.
En las bateas de dos camionetas llevaron los féretros de los adultos: de don Benito y su esposa Lourdes. Atras, en un remolque jalado por un tractor iba el ataúd de Pilar y sus tres hijos. También iban montadas mujeres rezando y con flores y grupos de jóvenes alistados para cargar los cajones mortuorios.
«Hay que persignarlos», indicó un hombre. Y los que cargaban los ataúdes hicieron los movimientos para hacer la forma de la cruz en la entrada al cementerio.









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