FR Informante/Filiberto Ramos
Llorando le dijo Erika al policía que le ayudara a buscar a su hijo. El oficial le respondió que no estuviera molestando o la levantaba. “Váyase a dormir señora”. Ese día Erika terminó su primera búsqueda a las 3 de la mañana.
“Si el policía me hubiera ayudado, ese día encontraría a mi hijo”, explica Erika aferrándose a una historia que pudo ser distinta, aunque sin cambiar el final trágico de encontrar ahogado y muerto a su hijo.
DOMINGO DE CASCARITA
Era el 10 de abril de 2016, era domingo por la mañana y la hora en que Erick Antonio Ruiz Mata, de 17 años, se iba a cascarear al campo de fútbol. Había desayunado, agarró sus zapatos y la playera que en la espalda decía Juventus y su apellido.
En la Bosque del Lago y la Zapata así son los domingos. Son dos colonias populares que colindan entre Atizapán de Zaragoza y Cuautitlán Izcalli y donde los fines de semana lo más emocionante es el futbol llanero o ir de día de campo a la laguna.
“¿No has visto a mi Erick?”, le preguntó Erika al “Quico”, un chavo de la misma edad, cuando se percató de la ausencia y que su instinto de madre le decía que había algo mal.
Fue entonces que Erika supo que su hijo se había ido al lago con su amigo Roberto Carlos y Eduardo, un sujeto más de 10 años mayor a él.
Afuera de la casa de Eduardo Erika le gritó a su hijo, pero solo salió el sujeto y quien le mintió sobre el paradero de Erick. Le ocultó sobre lo que horas atrás le había hecho al adolescente.
“Nos fuimos a la laguna y como nos agarró la patrulla”, le contestó a Erika Eduardo.
“Yo enojada le dije que por qué no me habían avisado, y ya molesto me dijo que, porque no tenía mi número”, relata Erika.
La siguiente parada fue ir al Ministerio Público de Cuautitlán Izcalli, a los hospitales, al Semefo, pero no hubo rastros. Luego supo que el mejor lugar para buscar era la laguna.
“Le dije al taxista ya de noche que me llevara al lago. Empecé a gritar: ¡Erick! ¡Erick! Y me dice el taxista, señora le parece que mejor vayamos a pedir ayuda a una patrulla”, recuerda.
INSTINTO DE MADRE
Una madre desesperada como Erika, hizo lo imposible por el hallazgo de su hijo, fue al programa de televisión que conducía Jorge Garralda y sintió que solo perdió el tiempo. Decidió bloquear calles y fue entonces que la Fiscalía se le acercó.
La llevaron con la maestra Sol Salgado, que es el enlace de la Fiscalía de personas desaparecidas en el estado de México. La funcionaria le dispuso ese viernes policías y todo recurso a la mano con tal de que Erika ya no cerrara calles. Comenzaron la búsqueda en el lago con ayuda de lanchas y caminatas a pie. También se llevaron a los testigos oculares que vieron por última vez a Erick vivo acompañado de Roberto Carlos y Eduardo.
“Me dijo un policía compañero de la maestra Sol, es que este niño ya no está vivo, ya está muerto”, recuerda Erika sobre las anotaciones que adelantaban los policías de investigación previo al hallazgo de Erick. Fue un preludio.
El sábado continuaron la búsqueda. Como a las dos de la tarde la madre de Erika se sentó debajo de un árbol y miró el cuerpo flotando de su nieto.
“Mi mamá se acuesta en unos árboles y comienza a gritar: aquí está mi niño”. Corrieron a esa orilla y vieron que el cuerpo salió parado, no de lado, cuenta Erika.
“Mis otros dos hijos comienzan a gritar: ¡Erick, no te vayas!”.
De acuerdo con la mecánica de hechos, el día en que asesinaron a Erick, en la orilla del lago testigos observaron una riña entre los jóvenes. Por eso llegó una patrulla, pero en el lugar ya no estaba Erick, solo tres bicicletas y dos sujetos: Roberto Carlos y Eduardo. Uno de ellos mojado hasta la cintura.
Erika señala que Eduardo era luchador profesional y que según los testigos le aplicó una llave a Erick para someterlo y luego golpearlo.
MI HIJO YA NO ERA MI HIJO
El certificado de defunción reveló que la muerte de Erick fue por asfixia por estrangulamiento, presentaba diversos golpes en el cuerpo y habría demorado unos 30 minutos en fallecer. Luego sus agresores arrojarían el cadáver al agua, donde se hinchó y se descompuso.
“Mi hijo, ya no era mi hijo, se fue desnudo porque su ropa ya no le quedaba. Lo encontré el sábado y lo sepulté el domingo”, cuenta Erika.
A Erick lo mataron un domingo, cuando la laguna recibe a todos sus visitantes. Pero a él lo asesinaron y ahogaron al fondo de la laguna.
“Él era un niño muy vanidoso, pero ya su ropa no le quedaba. Le puse su ropa encima. Lo sepulté un domingo a las doce”, recuerda Erika sobre su hijo y de quien dice que su única maldad fue confiar en su amigo.
UN LITIGIO SIN ACABAR
Eduardo Linares Olivares, de 40 años, tenía 34 cuando mató Erick. Mientras que a Roberto Carlos “N” nunca lo detuvieron y al cumplir la mayoría de edad, su orden de aprehensión expiró.
Roberto se quedaba en la casa. Comía aquí. Era su amigo desde la secundaria.
En 2016 detuvieron a Eduardo a quien lo sentenciaron a 40 años de prisión, en el penal Neza Bordo y está recluido en el pabellón de enfermos mentales, porque se declaró así para deslindarse de los hechos.
El juicio comenzó en 2016 y terminó hasta el 2020 debido a la serie de amparos y apelaciones que ingresó la familia del sujeto.
Erika busca que se reabra el caso y se gire orden de aprehensión contra Roberto Carlos “N”. Lleva tres meses esperando una audiencia con el fiscal.









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