FR Informante/Fotos: Daniel Camacho/Diseño: FR
A Guadalupe Silvestre le pesa todo: le pesa la espera, la angustia, le pesan los años que su hijo estará en la cárcel.
—¿Qué más hace una? Le reprocha Guadalupe a la pregunta de si algún día dejará de marchar.
Su rostro pareciera que se estira más con el sol y las lágrimas casi se le evaporan antes de hacer surcos en sus mejillas.
La veo cargando un cartelón con la foto de su hijo a los 24. Se intenta tapar del sol con un velo negro que trasmina la luz.
—A mi hijo lo detienen por un delito que no cometió, la señora se planta segura, clara, suelta y serena. La vida era normal hace seis años. Su hijo de 24 había comprando un taxi y el día de su detención se detuvo a cargar gasolina antes de regresar a su casa. Allí lo atoraron y le dispararon.
—Tiene seis años en la cárcel y aún tiene la esquirla de la bala, denuncia Guadalupe.
—¿Sino estuviera, aquí, qué estaría haciendo el día de las madres?
—Tendría una vida normal. No es justo que hoy estemos aquí marchando, reprocha Guadalupe.
Allí en la marcha que salió del museo Torres Bicentenario, llegó María Guadalupe Silvestre y caminó con su foto con el rostro de su hijo y su rebozo negro.
También marchó Maria Elena Bustamente, madre de Cristian Bustamante y llora porque la agobia relatar de nueva cuenta la detención de su hija y el martirio de sacar recursos de donde ya no se puede para llevarle a Cristian para pagar su estancia en el penal
Allí en la marcha también estuvo María Luisa Montoya, madre de Carlos Alberto Estrada Montoya, detenido en Santiago Miltepec, Toluca, cuando salió a comprar quesadillas.









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