Filiberto Ramos
Lo primero que me dijo el Dragón de Fuego cuando entramos al gimnasio con paredes de espejos, es que antes de ser luchador, fue fotógrafo de Peña Nieto en Los Pinos. Sí, dijo ser una sincronía inverosímil entre zapatos mocasín y botines de hule, entre sacos con corbata y calsoncillos embarrados de grasa del llamado pancracio.
El luchador es un sujeto bragado, de músculos gruesos, que le creería más que fue guarura, que un fotógrafo de eventos diplomáticos.
Pero de eso hablará más adelante.
Al Dragón de Fuego, los golpes más duros, no se los ha dado el «pancracio», ha sido el Covid-19, dice soltando una risa gruesa que zumba aún más debajo de la máscara.
Su tercia y los otros 45 luchadores que conforman la Liga de Luchadores Profesionales de Toluca, el virus les hizo una llave de a caballo a su bolsillo, cuando les obligó a cancelar todas sus presentaciones. Para luego echarles un lance desde la tercera cuerda y obligarlos a emplearse en taxis, de guardias, incluso comerciantes ambulantes, señala Dragón.
«No hay más, salimos como podemos, hay compañeros que están vendiendo en la zona de la terminal, no los reconocen porque no traen máscara», enlista el gladiador de las arenas de barrio.
El Dragón de Fuego es el actual presidente de la liga toluqueña, es una de las más constantes y longevas en los cuadriláteros de la capital mexiquense.
«Ahorita estamos vendiendo lo que son estas playeras con nuestro logo, el ‘Chorizo Power’, éstas las damos en cien y las sudaderas en doscientos», oferta el luchador mientras muestras la ropa deportiva que extendió sobre las cuerdas del ring.
Mientras charla, explica que en el gimnasio donde estamos, es el rincón de todos los luchadores en Toluca. El gimnasio del Halcón Galáctico, que administra don Víctor y se ubica en la colonia La Moderna.
«Ahorita está cerrado, pero aquí es donde nos juntamos y entrenamos», explica.
El complejo tiene las paredes repletas de fotos donde aparecen el «Perro Aguayo», «Octagón» y boxeadores de antaño.
«Aquí vino a entrenar Julio César Chávez», dice don Víctor detrás de su mostrador que se ubica en el acceso.
Dragón de fuego y sus pupilos ahora usan las instalaciones y en poco sus fotos también lucirán en los espejos.
«Lo que más duele ahorita, es que ya no hay funciones», reprocha el luchador.
PRIMERA CAÍDA
Dragón de Fuego ha sobrevivido en estos meses de crisis, quizás un poco mejor que el resto de sus compañeros, echando mano de los ahorros. La venta de playeras también le ayuda, porque ya tiene clientes que lo buscan vía redes sociales. Pero aún así, el azote a la lona del desempleo, es duro.
«Tenía unos ahorros y ya me los eché, ahorita solo estoy esperando que de aquí a septiembre, se componga, tenemos una función programada», dice.
El virus por lo menos les suspendió 10 funciones de las que ya tenían anticipos, que tuvieron que regresar. Eso sin contar que también dejaron sin empleo a los que ponen la lona, los masajistas y otros ayudantes en el ring.
A diferencia de empresas y ligas grandes del país como la Triple AAA y el Consejo Mundial de Lucha Libre, que tienen fondos interminables y televisoras que los respaldan, en la Liga de Luchadores Profesionales de Toluca se sobrevive con las entradas de las funciones de cada semana. De la taquilla que pagan obreros, albañiles, comerciantes, boleros, paperos y hasta raterillos de los barrios altos de Toluca.
Se lucha en las fiestas patronales de los pueblos y delegaciones, en días festivos de la virgen o el santito, el Día del Padre, que acaba de pasar y otros festejos.
«Nuestros meses buenos eran abril, por el Día del Niño, luego el Día del Padre y así fechas de esas», argumenta el gladiador.
Luchadores como el Dragón y la nueva sangre que viene detrás de él, nacidos en Toluca, ganan en promedio 400 pesos por función. Si la suerte les sonríe y hay una campanada más, dobletean la suma a la semana.
«Si les va bien, dos luchas por semana, si les va mal, una lucha por mes», sentencia el Dragón. No hay otra realidad en el Pancracio, es «más amor al arte» y quizás un golpe de suerte.
«De la garantía, les fuimos dando, así se le dice al salario que reciben, ya luego cuando puedan lo van a recuperar», explica.
Hay algunos prospectos jovens que han surgido de la Liga de Toluca, como «Black Infierno» que lo han llamado a pelear en Estados Unidos en lamlucha profesional. También otro jovencito conocido como «El Hombre sin Rostro», que ha estado en las arenas de Pachuca, Hidalgo y en Konkreto Gym de la Merced, en la Ciudad de México.
«Los han jalado cuando los ven luchar, y los promotores dicen, quiero a éste y al otro y se arma», dice Dragón. Pero son casos especiales, no es la misma suerte para el resto y llegar a la televisión, es de pocos, además por los altos costos.
«Eso es caro, hay que darles un porcentaje y ahí solo empresas grandes», comenta el gladiador hecho en el Pancracio de provincia.
SEGUNDA CAÍDA
El Dragón de Fuego usa 19 máscaras distintas. En otros tiempos que no son los de Covid-19, las pudo adquirir para darle un camuflaje distinto a su personaje de los cuadriláteros.
«Tengo, blancas, verdes, rojas, son distintas, porque el dragón siempre cambia sus colores», explica subido sobre la lona dura del ring del gimnasio de don Víctor.
Las muestras al aire y hay una máscara color blanco maltrecha que tiene rasgaduras en ambos lados. Dice que es la máscara de su padre, a quien se conociera en la lucha libre como «El Olímpico».
«Mi jefe fue luchador, él fue campeón de lucha olímpica representando al Agustín Millán», relata sobre la máscara que le puso a un maniquí y atesora entre todas sus pertenencias.
Antes de la crisis del Covid-19, había funciones para todo el país. En especial a la delegación Gustavo A. Madero y la Merced, en la Ciudad de México.
«Son 400 pesos en 45 minutos, pero bien madreados, porque son azotones en los que te puedes fregar la espalda», releva el Dragón de los 20 años que ha cargado el riesgo en sus espaldas.
Hace poco, en la Ciudad de México, las empresas promotoras entregaron despensas a los luchadores de esa zona. De ahí le nació la idea al Dragón de Fuego de hacer lo mismo y ya lo están organizando.
«Pensamos entregar despensas, hemos contactado al Movimiento Altruista y a los Sindicatos Unidos de México para ver si nos ayudan», comenta.
TERCERA CAÍDA
Hubo un tiempo en que el Dragón de Fuego dejó por ratos el cuadrilátero y enfocó su cámara. Sí, porque al igual que la lucha libre, la fotografía también ha sido su profesión. La fuente de «la papa», dice.
«Yo estuve doce años como corresponsal de Notimex y de ahí me jalaron a la campaña de Peña Nieto», revela el Dragón.
Si «Black Infierno» y «El Hombre sin Rostro», son las estrellas juveniles de la lucha libre en Toluca, en el «Chorizo Power’», el Dragón de Fuego es el luchador que se hizo fotógrafo del Presidente Enrique Peña Nieto. El gladiador que conoce Los Pinos y retrataba las giras del peimer mandatario del país.
«Cuando a mi me jalan a la campaña, fue en el 2011, luego al terminar me jalan a trabajar de lleno en los Pinos, ahí duro cinco años», recuerda el luchador.
Para ese entonces su puesto fue de Subdirector de Fotografía de Crónica Presidencial, es decir, los fotógrafos que seguían a todo el país al Presidente.
«Si dicen que es fácil, es una chinga, es de ida y vuelta, sin descansar, yo salí ya casi al final, cuando empezar a pelar a todos», asegura.
CUARTA CAÍDA
El gimnasio de don Víctor, se divide en dos piezas: por un lado está el cuadrilátero y al fondo, dividido por un muro de espejos, está la zona de pesas, las mancuernas, barras, discos, landmine, cuerdas y pesas rusas.
El Dragón se hincó justo frente a un pequeño altar de la virgen de Guadalupe. Es fornido y mide casi el 1.70 metros de altura. Al hincarse hace un esfuerzo para rotar sus músculos y formar la señal de la santa cruz. Prendió una veladora y pidió a la morenita pronta fortuna al pancracio toluqueño.















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